La Rectoría de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) oficializó nuevas medidas de racionalidad y austeridad presupuestal para el ejercicio 2026. A través de una circular publicada en su boletín oficial, la institución busca frenar el gasto administrativo y optimizar el uso de recursos públicos, en un contexto donde el consumo de papel y energía eléctrica muestra señales de alerta.
Ajustes en la gestión del gasto operativo
El documento, firmado por el Rector Juan Carlos Aguilar Franco, establece restricciones estrictas en diversos rubros operativos. Entre las disposiciones destacan la limitación de remodelaciones a casos de urgencia estructural, la reducción al mínimo de gastos de comunicación social y la fiscalización del uso de vehículos oficiales solo para tareas sustantivas.
Asimismo, la universidad condiciona la contratación de servicios y personal a una justificación rigurosa ante instancias colegiadas. Esta medida, aunque busca eficiencia, plantea interrogantes sobre la agilidad con la que la institución podrá cubrir vacantes docentes o administrativas esenciales para el servicio al alumnado.
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Radiografía del consumo: retos en energía y papel
El reporte comparativo entre 2024 y 2025 revela resultados mixtos en la política de ahorro de la UACM:
| Rubro | Variación observada | Impacto financiero/volumen |
| Agua |
Reducción del 19.84%
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Ahorro de $891,877.00
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| Energía Eléctrica |
Incremento en costo
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Gasto total de $11,002,245.00
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| Papel Bond |
Aumento del 5.21%
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209 paquetes adicionales
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A pesar de que el consumo de agua bajó gracias a la instalación de mingitorios secos, el uso de papel bond aumentó a 4,219 paquetes anuales. Este incremento contradice los esfuerzos de digitalización y sugiere una dependencia persistente de procesos físicos que podrían retrasar trámites estudiantiles.
¿Riesgo para la comunidad estudiantil?
Aunque la circular afirma que las medidas no deben limitar los servicios, el sentido crítico sugiere áreas de fricción. Uno de los puntos más sensibles es la instrucción de “imprimir solo en caso necesario” y priorizar formatos electrónicos. Para una comunidad estudiantil que depende del material impreso para el estudio y trámites, esto podría derivar en:
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Restricción de materiales de estudio: La limitación en el uso de fotocopias y papel bond en las sedes podría obligar a los estudiantes a costear sus propios materiales externos o depender exclusivamente de dispositivos digitales que no todos poseen.
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Obsolescencia tecnológica: El control sobre equipos de cómputo y software podría ralentizar la actualización de laboratorios, afectando las prácticas académicas.
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Burocracia digital sin soporte: La transición forzada a lo digital, sin una infraestructura robusta que la respalde, amenaza con generar cuellos de botella en la atención y entrega de documentos oficiales.
Las nuevas disposiciones entraron en vigor inmediatamente tras su publicación. Los titulares de cada área serán los responsables directos de asegurar que el ahorro no se convierta en una carencia que frene el desarrollo académico de los jóvenes.

