CDMX.- Más de 500 personas fueron detenidas en Londres. No por violencia. No por disturbios. No por saqueos. Por protestar.
El pasado 11 de abril, la Metropolitan Police arrestó a 523 personas —de entre 18 y 87 años— durante una vigilia pacífica en Trafalgar Square en apoyo a la organización Palestine Action.
El motivo: portar carteles.
Mensajes como “Me opongo al genocidio” y “Apoyo a Palestine Action” fueron suficientes para que la policía considerara que se trataba de un delito. Porque en el Reino Unido de 2026, cuestionar ciertas posturas políticas parece ser más problemático que los hechos que esas protestas denuncian.
Entre los detenidos estuvo Robert Del Naja, vocalista de Massive Attack, cuya presencia no solo confirma el carácter público y visible de la protesta, sino que también expone el nivel de alcance que ha tomado la indignación internacional. No es un detalle menor: cuando figuras de este perfil terminan arrestadas por manifestarse, el mensaje deja de ser local.
También hubo adultos mayores, como Elizabeth Morley, de 80 años, quien resumió la escena con una frase que suena más a diagnóstico que a queja:
“Esto es una comedia negra”.
Y sí, lo parece.
Porque mientras el Tribunal Superior de Londres ya había calificado como “desproporcionada” la prohibición de Palestine Action, las autoridades decidieron que eso era más bien una sugerencia que podían ignorar. Primero dijeron que no habría más arrestos por mostrar apoyo. Luego cambiaron de opinión. Otra vez.
El argumento oficial es sencillo: la organización sigue “proscrita” mientras el proceso legal continúa. El resultado también es sencillo: protestar se vuelve ilegal dependiendo del momento… y de a quién incomode.
🚨 ¡BOMBA EN LONDRES! El cerebro de Massive Attack, ARRESTADO. 🚨
Robert Del Naja, “3D”, leyenda viva de la música británica, acaba de ser detenido en pleno centro de Londres.
El motivo oficial: mostrar apoyo a una organización prohibida… justo después de participar en la… pic.twitter.com/LGyNQurvbi
— Runas Dos Lunas (@DosRunas) April 13, 2026
Pero lo que está en juego va más allá de un grupo específico.
Lo ocurrido en Londres refleja algo más amplio: el endurecimiento de la respuesta institucional frente a protestas que cuestionan las acciones de Israel en Palestina —y ahora también en Líbano—. Una incomodidad que varios gobiernos parecen estar gestionando no con diálogo, sino con detenciones.
Porque cuando incluso figuras públicas, artistas reconocidos y ciudadanos de todas las edades terminan esposados por manifestarse pacíficamente, la discusión deja de ser sobre una organización… y pasa a ser sobre el derecho mismo a protestar.
No es que el mundo haya dejado de hablar. Es que cada vez hay más intentos por decidir quién sí puede hacerlo.