El conflicto en Palestina. Algunos apuntes para entenderlo

El 7 de octubre, HAMAS (la organización política-militar más grande de palestina) desplegó un ataque sobre varias ciudades israelíes. Inmediatamente, naciones occidentales salieron a reprobar los actos de violencia. Por su parte, las grandes cadenas de comunicación empezaron a construir una narrativa en la que se acusa a los palestinos de terroristas y a los israelíes se les señala como las victimas. A partir de ciertos discursos nos  van diciendo a quien tenemos que apoyar, por quién debemos llorar, a donde dirigir nuestro miedo y rabia. 

Como siempre, si hay que tomar partido, hay que desconfiar de la narrativa occidental. El enfrentamiento en Palestina es complejo y abre la necesidad de discutir temas como el Estado-Nación, el colonialismo occidental, narrativas religiosas y la historia del territorio, no solo a señalar buenos y malos . Esta pequeña nota no pretende resolver todas las interrogantes de un conflicto tan complejo, sino generar algunas pautas que puedan ayudar a abordarlo y poner sobre la mesa algunas perspectivas que resultan importantes.

 

Un pequeño glosario para evitar confusiones.

El semitismo es un término usado para referirse al pueblo judío. Aunque, su origen bíblico hace referencia a la descendencia de Sem (uno de los hijos de Noé), que pobló el territorio de medio oriente; tratándose de varios pueblos, no solo el judío. 

Los hebreos son uno de esos pueblos semitas que habitaron en Ur -una ciudad de la Babilonia- y que desciende directamente de Abraham.

Israelita es una palabra sacada de la Torá (libro sagrado del judaísmo), específicamente del pasaje en donde dios le cambia el nombre a Jacob por Israel. En dicho pasaje, los hijos de Israel fundan tribus que se les conocen como “las doce tribus de Israel”, las cuales ocuparon los territorios del actual territorio de palestina, y partes Jordania, Siria y Líbano. 

*Estos 3 últimos se usan como sinónimos* 

Judaísmo es la religión monoteísta más antigua del mundo que sigue los mandamientos de la Torá. Pero el termino judío no siempre se usa para designar a los creyentes de la religión, sino para designar al pueblo con sus tradiciones. Debido a eso  puede haber judíos no religiosos.   

Sionismo es un término político nacido en Europa central para designar al movimiento judío que reivindica un Estado que ocupe el antiguo territorio de las doce tribus de Israel. Por lo que no todos los judíos son sionistas. Incluso, hay judíos que no están de acuerdo con el Estado de Israel. Ergo ser anti sionista no es ser antisemita. Por otro lado, al interior del sionismo, también se encuentran discusiones importantes: hay sionistas que consideran que el Estado israelí debería ser laico y otros que defienden una estrecha relación entre religión y Estado.   

Árabe hace referencia a un pueblo que usa el idioma del mismo nombre y que habitan Medio Oriente y el norte de África. Sobra decir que no todas las personas que habitan esos territorios son árabes, también hay otros pueblos con otros idiomas. 

Musulmán es un término que designa a los practicantes de la religión del islam. Aunque se asocia con el territorio que ocupa el pueblo árabe, se puede practicar el islam en cualquier arte del mundo. Cabe mencionar que existen musulmanes no árabes y árabes no musulmanes.

El Islamismo es una corriente que pretende juntar las ideas religiosas con las estructuras políticas de un país.

Yihadismo es una corriente al interior del islam que radicaliza la defensa religiosa. Viene de la palabra Yihad que se traduce como “guerra santa”.

Terrorismo es un término popularizado luego de la caída de la URSS, que trata de designar a aquellos grupos que no tienen infraestructura militar para enfrentarse a ejércitos regulares y optan por estrategias de desestabilización a partir del “terror”. El término es usado políticamente de manera tendenciosa para desacreditar grupos que suelen enfrentarse a alguna nación occidental. Digamos: el Ejército Republicano Irlandés es terrorista, pero los británicos que han ocupado sus territorios y sometido a la población irlandesa no lo es; Las Fuerza Armadas Revolucionarias de Colombia son terroristas, pero los gringos que financiaron el armamento del ejército colombiano para llevar a cabo la operación Orión no lo es;  el Partido de los Trabajadores del Kurdistán son terroristas, pero los turcos que los han perseguido y asesinado de manera sistemática durante décadas no lo son; podría seguir bastante más. El punto es que se trata de un término que busca influir en el imaginario social para legitimar o deslegitimar las acciones violentas de algún grupo durante un conflicto. Las acciones tomadas contra cualquier grupo denominado como terrorista están completamente justificadas, aunque sean crímenes de lesa humanidad, violaciones a los derechos humanos o respuestas completamente desproporcionadas.

La tierra prometida

Una de las interrogantes que se presentan en este tipo de conflictos es ¿A quién le pertenece por derecho el territorio? Pero la pregunta resulta un tanto ociosa si nos preguntamos también ¿según cuál derecho?  ¿a partir de qué parámetros? ¿Qué justifica la propiedad de un pueblo sobre un territorio?

Las personas que hemos nacido en el seno de una familia de tradición judeocristiana sabemos que en el pentateuco (el texto sagrado judío, incluido en la biblia como los primeros 5 libros) se reconoce a los judíos como el pueblo elegido por dios, quien les otorgó Jerusalén como su “tierra prometida”. Esta creencia religiosa es desarrollada como argumento político para justificar la ocupación israelí sobre el territorio. El argumento religioso pierde sentido práctico cuando hay otras personas que no comparten tu visión de mundo ¿hay un libro sagrado, una tradición o una visión de mundo que valga más que otra? Si tu libro sagrado te dice que algo te pertenece y el mío me dice lo mismo ¿podemos usar eso como argumento?

Mejor planteemoslo en términos históricos. El territorio de Jerusalén, como todos los territorios, fue disputado y ocupado por diferentes imperios en la antigüedad:  el babilonio, el persa y el romano. Este último tuvo una pausa en la que los judíos pudieron administrar la zona a consecuencia de a una rebelión. No duro mucho, pues los romanos retomaron la administración en poco más de 100 años, poniendo fin al último reino judío en la zona en el año 6. A principios de la década del 130, los judíos se rebelaron contra el imperio. Pero el levantamiento fue sofocado, los rebeldes derrotados, sus líderes asesinados y los sobrevivientes exiliados. Como aclaración: el exilio era una práctica común de los romanos como método de castigo.

La diáspora

Luego de su exilio, el pueblo de Judea se disgregó por todo el mediterráneo. Lo que favoreció la expansión de su cultura, implantando nuevas comunidades por todo el Imperio Romano. Los judios se asentaron en nuevos territorios construyendo los como su hogar. Por esos años, los romanos estaban más preocupados por frenar el crecimiento de los cristianos, que se habían estado multiplicando a través de la creación de comunidades eclesiásticas clandestinas. Al final, la presión de los cristianos fue tan grande, que el imperio terminó adoptando al cristianismo como religión oficial. Los cristianos ya en el poder empezaron a perseguir a las otras religiones, pues entendieron la importancia de homogeneizar culturalmente a las poblaciones de los territorios que estaban bajo su influencia.

Una vez desintegrado el imperio romano, los judíos vivieron épocas de bonanza económica. Debido a que la tradición hebrea se propagó en comunidades alrededor del mundo, los judíos lograron construir lazos religiosos y culturales que favorecieron los intercambios comerciales. Eso favoreció una dinámica constante de fortalecimiento económico al interior de su pueblo. Las dinámicas judías no siempre fue bien vistas al interior de los reinos a los que las comunidades pertenecían. Además, sus formas culturales y organizativas componían estructuras jerárquicas que muchas veces eran incompatibles con las monarquías europeas, provocando más expulsiones como las de Francia, España, Inglaterra, Hungría, Austria, etc.

En palestina, por otro lado, la cultura helenística perdió toda su influencia, para ceder su lugar a la árabe. Algunos hebreos permanecieron en la región, aunque se fueron haciendo minoría. Bajo la administración musulmana, no hubo persecución por razones religiosas. Los pueblos no islámicos tenían que limitar un poco su ejercicio religioso y pagar impuestos especiales, pero no eran perseguidos. En definitiva, las condiciones de vida en territorios cristianos eran bastante más difíciles para los judíos que en los sultanatos árabes. Basta con ver las circunstancias de los hebreos en el Imperio Bizantino y la Hispania visigoda; y compararlas cuando los musulmanes administraron ambos territorios. 

El Estado, el imperialismo y el colonialismo

La difusión del pensamiento ilustrado dio pie al auge de las ideas nacionalistas en Europa. El principio de “para un pueblo un Estado” empezó a ser cada vez más seductor. El reto era generar naciones -claramente artificiales- con una misma cultura, lengua, tradiciones y religión que ocuparan un territorio para poder administrarlo a través de un Estado. Para tal proyecto, el pueblo judío (entre muchos otros) significaban un obstáculo en prácticamente todos los nacientes Estados europeos. La disciplina y ortodoxia hebrea componían una cultura fuerte: con sus propias tradiciones, estructuras sociales, y hasta organización económica. Todo esto dio como resultado el renacimiento de la persecución a los judíos.

Pero, no hay que confundirnos. El nacionalismo también permeo entre los propios judíos europeos a finales del siglo XIX. El sionismo fue una variedad del nacionalismo étnico proveniente de Europa central. Su particularidad era que no tenían un mismo territorio ni lengua común.  Pero su fuerte tradición religiosa (afianzada a lo largo de siglos de historia) pudo compensar las flaquezas identitarias. La patria (el territorio común a ocupar) lo retomaron de sus propios textos sagrados y su pasado fundacional:  la idea de la tierra prometida donde un día habitaron las doce tribus. El problema era que esta nación judía estaba dispersa y lejos del territorio que planteaban como propio. Territorio que, por cierto, llevaba siglos poblado por otros pueblos con sus culturas, lenguas, religiones, etc., y estaba bajo el dominio de otro Estado: el Otomano.

La primera guerra mundial es clave para entender el conflicto. Los británicos, en su afán por derrotar a las potencias centrales, optaron por enfrentar al Imperio Otomano desgajando lo desde dentro. Prometieron a los pueblos subalternos del imperio apoyo para consolidar sus propios Estados si se levantaban en armas: como a los turcos, los árabes y, por supuesto, a los judíos. Para estos últimos, los británicos se comprometieron en la Declaración de Balfour (1917) a ayudar a la creación de una patria judía en Palestina.  De esa forma, el sionismo paso de ser un movimiento nacionalista étnico europeo encabezado por un grupo disperso que habían vivido los embates de otros nacionalismos, a convertirse en una forma más de colonialismo británico.

La olla de presión. Una breve cronología del siglo XX

Luego de la Primera Guerra Mundial, los aliados dividieron los territorios Otomanos en países de influencia (creados arbitrariamente): Libia y Siria en manos de francesas; e Irak y Jordania en manos inglesas. En el espacio palestino, los ingleses permitieron la expansión de colonias judías. Solo así, con el apoyo de la maquinaria de guerra imperial británica, se entiende la supervivencia de la ocupación de un pueblo hostil en la zona. La presencia hebrea en territorio palestino pasó de ser del 8% en 1882, al 28.1 % 1936.

Los ingleses dotaron a los judios de armas y adiestramiento militar por décadas. Pero el imperialismo británico y el sionismo sabían que su alianza funcionaba en tanto se necesitarán. Las tenciones entre ambos se intensificaron cuando Reino Unido se vio presionado por los árabes en el territorio e intentó disminuir la migración judía, mientras el antisemitismo estaba a todo lo que daba en Europa.  Por esa razón, los israelitas empezaron a generar sus propias fuerzas de defensa como la hagana y el Irgun, quienes atacaron objetivos británicos en Palestina.

En 1947, Reino Unido dejó el territorio y, un años después, la ONU reconoció a Israel como Estado, dividiendo el territorio Palestino. Fue hasta este momento que el nacionalismo palestino se consolidó, como respuesta al sionismo judío. Antes de eso, los palestinos se nutrían de una identidad árabe más amplia. Dos días después del reconocimiento, Egipto, Siria, Líbano, Arabia Saudí y Jordania (agrupados en La liga árabe) atacaron a Israel. La liga perdió la guerra e Israel tomó 20% de territorio extra del “asignado” por la ONU, provocando que 711 mil árabes se quedaran sin hogar.

En 1956, cuando Reino Unido perdió el poder del Canal de Suez, Egipto bloqueó el estrecho de Tiran para asediar el principal puerto israelí. Franceses e ingleses ayudaron a los israelitas a invadir la península del Sinaí. Causando que se designe como zona desmilitarizada a la península.

En 1967, la ONU retiró a los cascos azules de la región y regresaron las tensiones: Israel lanzó un ataque “preventivo” contra Egipto, Siria, Jordania e Irak.  Los judíos ganaron la guerra y ocuparon la península de Sinaí, zonas de Jordania y los altos de Golán sirios.

En 1973, los árabes volvieron a la guerra para recuperar sus territorios, pero esta vez con el apoyo de potencias extranjeras. EUA apoyó a Israel y la URSS a los árabes. De hecho, desde finales de la Segunda Guerra Mundial, Israel es el mayor receptor de ayuda militar de Estados Unidos. Les han dado adiestramiento militar, tecnología, armamento, etc. 

En 1987, tiene lugar la primera intifada, un levantamiento ocasionado por el asesinato de 4 palestinos al ser embestidos por un camión militar israelí en un campo de refugiados. Las imágenes de niños y adolescentes lanzando piedras a tanques que respondían con fuego real recorrieron el mundo. Después de esto, se creó HAMAS, un partido político palestino que tiene un brazo armado para hacer frente al ejército israelí.  Las hostilidades no han cesado desde entonces.

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En definitiva, lo que estamos viendo es un enfrentamiento entre dos nacionalismos que buscan el control de un territorio para el desarrollo de su población. Lo importante a destacar es la asimetría entre los adversarios. Israel ha tenido históricamente apoyo armamentístico, económico y de inteligencia por parte de las potencias occidentales, lo que le ha permitido consolidar un cuerpo militar bien establecido con tecnología e infraestructura de punta. Mientras, los palestinos han tenido que optar por guerrillas con armamento reciclado para hacer frente a una fuerza apabullantemente mayor.

Nadie niega las persecuciones que han tenido que vivir los judios. Pero, parece que se ocupa como chantaje para  forzarnos a apoyar los intentos de limpieza étnica que los israelíes hacen sobre el pueblo palestino. Chantaje que, por cierto, es apoyado por las mismas naciones occidentales europeas que en el pasado también segregaron, persiguieron o directamente expulsaron al pueblo judio. O como  Estados Unidos que dió asilo a los perpetradores del episodio más violento de la historia hebrea. ¿Con qué cara nos quieren chantajear con estos argumentos? La violencia que sufrió un pueblo no puede justificar su propio ejercicio de violencia hacia otros pueblos.   

Y es que no se trata de cerrar los ojos ante los bombardeos y asesinatos de los palestinos a los judios. Se trata de poner todo en su justa medida. Israel lleva décadas invadiendo territorio, organizando asentamientos judíos para desplazar a los palestinos; Gaza se ha convertido en el campo de concentración más grande del mundo: les han restringido su movilidad y su abastecimiento de comida, medicamentos, electricidad y hasta agua potable; han reprimido, torturado y bombardeado ciudades palestinas sistemáticamente para diezmar la población palestina; han establecido un sistema de segregación para quitarles el mayor número de derechos posibles. Los palestinos muchas veces lo único que han tenido para defenderse de los tanques blindados israelíes han sido piedras.

 En medio de todo esto, la comunidad internacional simplemente mira hacia otro lado. Pero, cuando son los palestinos los que atacan, el mundo entero voltea para condenar la violencia. Hace un año, los medios internacionales aplaudían a los ucranianos por defenderse de los rusos. Hoy, llaman terroristas a los palestinos, en un acto que claramente lo que busca es justificar el genocidio palestino. ¿Por qué hay pueblos que tienen acceso a la legítima defensa y otros que no?  ¿A esto se le puede llamar una guerra justa o partir de cuándo se le puede reconocer como un genocidio?