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Estaba en mi casa, en plena madrugada, revisando la cartelera de la Feria Internacional del Libro (FIL) del Zócalo desde mi celular. Deslizaba el dedo por el archivo digital para armar mi itinerario como cualquier lector que espera esta fecha todo el año para ir a dar la vuelta entre los stands. Buscaba a los grandes favoritos, esos eventos que uno tiene que ver sí o sí: la charla de Gustavo Petro sobre Colombia, el conversatorio sobre Rosario Castellanos con Elena Poniatowska, o las infaltables apariciones de Paco Ignacio Taibo II.
Todo pintaba para ser la clásica agenda de alguien que va a la feria buscando historia, debate político y novedades editoriales de peso. Pero de pronto, rompiendo toda lógica y formalidad, me topé con un panel que me descolocó por completo: la presentación del libro La rata con thinner y otras anécdotas cotidianas de la sociedad latinoamericana.
Crónica de un insomnio
Ver ese título en un programa oficial fue un golpe surrealista que me provocó una regresión inmediata. Me vi a mí misma atrapada en ese insomnio necio de juventud. Era principios de 2020, justo antes de que nos encerraran por la cuarentena de la pandemia de COVID. Yo tenía 18 años, iba en la prepa y, como cualquier adolescente con acceso a internet, me la pasaba pegada al teléfono. Esa noche estaba acostada, con la habitación en completa oscuridad y mi cara iluminada únicamente por el resplandor del celular. Scrolleaba de madrugada cuando me topé con una publicación en un grupo de Facebook.
Estaba a punto de leer la historia que le da el nombre a la antología: La rata con thinner.
Para quien sea de otra generación o de plano no tenga la menor idea de qué hablo, les explico: es un relato delirante narrado en primera persona sobre dos primos que comparten un departamento. En un arranque de calentura incomprensible, uno de ellos mete a un vagabundo a la casa para tener un encuentro íntimo. La narrativa te arrincona poco a poco, llevándote de la mano por descripciones densas hasta soltarte el giro verdaderamente vomitivo: el vagabundo usaba el cadáver putrefacto y agusanado de una rata no solo para drogarse con solvente, sino para satisfacer sus instintos más bajos de la forma más retorcida posible. Leí esa atrocidad gráfica y, del asco, el celular se me resbaló de las manos; me cayó de lleno en la cara. El golpe en el tabique fue seco, doloroso, pero ni siquiera eso logró detenerme. Lo levanté de inmediato, me sobé la nariz y seguí leyendo hasta el punto final, porque el relato ya me tenía completamente secuestrada.
En una junta de trabajo por zoom hablaron de la historia de “La rata con Thinner” y yo no la conocía y la leí a media junta y ahora tengo necesidad de compartir mi miseria mental por haber conocido a la rata con thinner.
Van:
https://t.co/9JaMrYZ5Jd https://t.co/ZYbOflsnBA
— Calleja Lo Explica Todo (@Calleja) November 10, 2022
El rito de iniciación de una generación
Lo verdaderamente fascinante del asunto es que no fui la única víctima de esta lectura. Al día siguiente, en el salón de clases antes de que llegara el maestro y con el recuerdo fresco del golpe y el asco, saqué el tema en una plática. Resultó que la gran mayoría ya había tropezado con este y otros relatos similares en sus propios momentos de ocio. Y la dinámica siempre era la misma: reenviar los textos a los grupos y pasarlos a quien no los hubiera leído. El tema estaba sonando en todos lados y nadie se podía quedar fuera de la conversación.
El alma detrás de la mala ortografía
Si damos un paso atrás y vemos no solo el relato de la rata, sino todo el libro y la época que representa, hoy me cuestiono en qué momento alguien tomaba la decisión consciente de sentarse a escribir estas cosas. Hablamos de autores anónimos con un ingenio corrosivo, mucha imaginación y, diría yo, con demasiado tiempo libre. No buscaban likes, validación ni fama; su único objetivo era sembrar el caos literario y dinamitar la paz mental de quien los leyera.
Hoy en día, la gran mayoría de los textos, historias y contenido que vemos en internet o redes sociales parecen prefabricados por la inteligencia artificial: fórmulas planas, estériles y sin creatividad. Leer esta antología, en cambio, es recordar cómo era escribir naturalmente. Aunque fueran textos con faltas de ortografía, nacían de una imaginación pura y sin filtros. Escribían con una libertad y una visceralidad que ningún algoritmo podría replicar jamás.
De un PDF clandestino a la cultura underground
El responsable de que este clásico contemporáneo de la literatura mexicana llegara a la feria del libro es Omar Ramírez. Este usuario se clavó en los foros anónimos para rescatar estas historias antes de que la memoria colectiva las olvidara para siempre. El proyecto empezó a circular en junio de 2022 de mano en mano como un PDF clandestino, pero la demanda fue tal que el 25 de abril de 2025 dio el salto triunfal al formato físico. Hoy, es un bloque sólido de 298 páginas editado bajo el sello de Editorial El Narrador que compila 71 relatos con el mismo nivel de locura. Entre las joyas que acompañan a la infame rata, destacan títulos como:
- El perro que come cereal con cuchara
- El metalero y la morrita con down
- Mi novia furry
- La cabra en el columpio
El éxito del libro creció como una bola de nieve y rompió las fronteras del papel. Su impacto impulsó la creación de una versión oficial en audiolibro, narrada con voz profesional para quienes prefieren escuchar el desastre con lujo de detalle en lugar de leerlo. La huella que dejó en la cultura pop underground también inspiró una miniserie satírica dirigida por el cineasta independiente Emir Alejandro Cortez, e incluso sirvió para que bandas como Comandante Mono le compusieran canciones.
La tradición oral de nuestra era digital
Escribo esto con la plena consciencia de que a muchos puristas les dará roña ver esta publicación compartiendo espacio en la cartelera con las obras tradicionales. Pero si nos quitamos las pretensiones de encima, este archivo funciona como un espejo hiperrealista del folclore más oscuro de las calles, el habla sin censura y el humor negro casi sádico que permea en la urbe.
Juega a ser mala literatura, es sucia y desafía salvajemente todo lo políticamente correcto. Sin embargo, terminó consolidándose como la tradición oral de nuestra era digital. Y su mayor triunfo es innegable: demostró que una leyenda de internet, por más grotesca que sea, puede romper la pantalla e invadir el mundo físico. Convirtió una historia anónima de foros clandestinos en un fenómeno de culto capaz de publicarse en papel, inspirar cortometrajes y terminar presentándose en la feria literaria más importante del país.
Así que, cuando asistan a la plancha del Zócalo en estos días, abran un hueco en su agenda. La presentación y plática de esta obra, a cargo de Omar Ramírez, Umeboshi y El extraño conocido, se llevará a cabo el martes 13 de octubre a las 14:30 horas en el Foro José Revueltas. Dense una vuelta, ya sea porque de verdad les atraiga el libro, por pura nostalgia de la anécdota, o simplemente por la curiosidad de sentarse a escuchar cómo el lado más bizarro del internet conquistó la realidad y comprobar que, como dicta el sagrado meme: en efecto, es cine.