En un rincón del mundo donde la naturaleza salvaje y la domesticación se encuentran, Andrey Musienko ha dejado boquiabiertos a millones de internautas. Su compañero de vida no es un perro ni un gato, sino Akela, un imponente lobo negro canadiense cuyo tamaño ya se compara con el de un poni, pero cuyo comportamiento dista mucho de la ferocidad que se le atribuye a su especie.
De cachorro a gigante “bonachón”
Lo que comenzó con el cuidado de un pequeño cachorro se ha transformado en una relación de amistad única. A pesar de que los lobos negros son considerados depredadores peligrosos en regiones como Siberia, Canadá y el norte de Europa, Akela ha crecido bajo el cuidado de Andrey mostrando un lado afable y extremadamente mimoso.
En los vídeos compartidos por Musienko en YouTube e Instagram, se observa cómo el gigantesco cánido se acerca con cautela para morder juguetonamente a su dueño antes de fundirse en un abrazo que demuestra su total confianza.
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Un compromiso con su instinto salvaje
A pesar de la docilidad que Akela muestra en casa, Andrey es consciente de las necesidades biológicas de un animal de este calibre. Por ello, ha puesto en marcha los siguientes proyectos:
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Fundación de ayuda: Creación de una organización para recaudar fondos.
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Hábitat adecuado: El objetivo principal es construir un recinto espacioso que permita al lobo vivir en un entorno acorde a sus orígenes salvajes.
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Equilibrio: Mantener el vínculo humano-animal sin comprometer el bienestar y la naturaleza del lobo.
Este caso ha reabierto el debate sobre la convivencia con animales salvajes, aunque en el caso de Andrey y Akela, las imágenes hablan por sí solas: una conexión basada en el respeto y el cariño mutuo.
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